La Voluntad

La voluntad. Esta palabra tan utilizada en el ámbito religioso y espiritual, ha adquirido con el tiempo unas connotaciones de bondad y deseo divino, que quizás nos hace pensar que cuando no tenemos ganas de hacer algo o no podemos conseguirlo, es porque no tenemos “fuerza de voluntad”.

Por ejemplo, si quieres adelgazar y rompes tu dieta, es que tienes falta de voluntad. Si tienes que limpiar la casa o estudiar y lo aplazas, es que no tienes fuerza de voluntad. Ir a buscar trabajo, dejar de fumar… echamos al cajón de la falta de voluntad todo lo que no es “divino” y perfecto, o simplemente no hemos conseguido en nuestro ideal.

Al echar esto en un cajón, terminamos pensando que nos falta algo, que somos diferentes, que somos lentos, vagos, perezosos… Y nos colgamos un cartel parecido al de nuestro cajón, del que es prácticamente imposible salir.

Sin embargo, hay una cosa que nos pasa por alto: la voluntad nunca la perdemos.

¿Y cómo esto? Pues bien, Albert Einstein explicó en una sola frase la cuantía de su significado cuando dijo:

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”

Al igual que la energía atómica se puede utilizar para un acto positivo o negativo, nuestra “voluntad” siempre actúa como esa “energía” necesaria para que el ser humano cumpla todo lo que se propone en la vida (nuestro objetivo, nuestra decisión), resultando ser que ella en sí misma no es ni negativa ni positiva.

Cuando decidimos romper la dieta, estamos utilizando nuestra voluntad, cuando decidimos no levantarnos de la cama, volver a fumar, ver la tele en vez de salir a buscar trabajo, etc… estamos utilizando nuestra fuerza de voluntad.

¿Y cómo es esto? Hay un momento crítico, clave, en el que decidimos dar el paso de hacer una cosa u otra, un instante, una milésima de segundo en la que tomamos una decisión y nuestra voluntad dice: “yo te ayudo”.

¿Qué ha pasado entonces? Que hemos cambiado el objetivo. En el momento en el que decides comerte el pastel, tu objetivo deja de ser “perder peso” y pasa a ser “deleitarte con su delicioso sabor en tu paladar”. Te comes el pastel y… ¡Puf! Objetivo cumplido.

Por lo tanto, ahora tenemos otra premisa: la voluntad siempre te ayuda a conseguir tu objetivo. La buena noticia es que ahora sabes que tienes fuerza de voluntad, siempre, y que ella te ayudará a conseguir todo lo que te propongas, porque siempre lo consigue.

Entonces, ¿qué te impide llegar? ¿Qué influye para acercarme o alejarme de mi propósito?

Considero que una de las claves para ello es mantenerlo en el tiempo. Y para ello nos ayudará tomar en cuenta estos puntos que te describo a continuación:

  1. Cuál es nuestro objetivo. El tener claro y definido un objetivo será clave para poder direccionar todos nuestros esfuerzos hacia él.
  2. Qué nos motiva a alcanzarlo. Debemos encontrar el “para qué” queremos conseguirlo, una razón con suficiente peso que nos impulse y mantenga en los momentos difíciles.
  3. Cuáles son las creencias que nos están limitando. Si creo de alguna manera que “no voy a conseguirlo”, esta creencia será la que predomine durante todo el proceso. Es nuestra labor detectar y trabajar las creencias limitantes que se esconden detrás de cada uno de nuestros retos.
  4. Qué concepto que tenemos de nosotros mismos. A veces un autoconcepto de desvalorización o falta de autoestima puede llegar a sabotear cada uno de los pasos que demos. Es importante trabajar qué pensamos de nosotros mismos.
  5. Recuperar recursos. El identificar y saber cómo utilizar nuestras capacidades conscientes de que disponemos, es una pieza clave para asegurarnos el éxito.
  6. Llegar a acuerdos internos. A veces tendremos que comprometernos con nosotros mismos y ser capaces de reconciliar nuestra parte mental que desea mejorar, con la parte que desea el placer. Un equilibrio entre ambas nos ayudará a focalizar nuestra voluntad en pro del objetivo correcto.
  7. Ponte pequeñas metas. La mejor manera de comerse un elefante entero es haciéndolo filetes. Es fundamental que tu mayor objetivo lo dividas en pequeños pasos para que tu voluntad se sienta motivada.
  8. ¡Prémiate! Una de las mejores maneras de mantener nuestro foco en el objetivo y que nuestra voluntad esté en pro de nuestro objetivo es premiarnos. Cada vez que des un paso o consigas alcanzar una pequeña meta, ¡celébralo! Tú eliges cómo.

Recuerda, la fuerza de voluntad nunca se pierde, solo hay que saber cómo canalizarla para focalizarla en tu verdadero objetivo. Lo importante es que tengas presente que ya tienes todo en tu interior y la capacidad suficiente para conseguirlo.

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