El Objetivo

En numerosas ocasiones nos quejamos de nuestra mala suerte, de querer algo mejor para nuestras vidas que nunca llega, o la dichosa resignación del: “es lo que hay” cuando convertimos nuestro objetivo en algo lejano y difícil de alcanzar.

¿Objetivo dije? Pues sí, he dicho bien. Y en esta ocasión he de puntualizar y recalcar que si queremos conseguir algo en nuestras vidas, debe tomar la categoría de meta u objetivo, y no de deseo.

¿Cómo es esto? ¿por qué razón? Bueno, siempre se nos ha dicho: “Lo que deseas se convierte en realidad”. Pero la realidad es que un deseo se queda en el limbo de la voluntad divina o del genio de la lámpara maravillosa.

El considerar lo que queremos conseguir como un deseo, nos obliga a soltar el más que familiar “ojalá” acompañado de un suspirito con cara de “échame las cartas a ver qué me sale”.

Una de las cosas de las que nos haremos conscientes es de que todo lo que consigamos en nuestra vida depende totalmente de nosotros. Y la “suerte” en este caso, la vamos a salir a buscar.

Para empezar a recuperar nuestro poder, en primer lugar, fijaremos nuestro “objetivo”. Ya no es el concepto lejano de lo que me gustaría, sino que ahora es una meta a la que me propongo llegar. Para fijarlo debemos definirlo, concretarlo, porque vamos a poner en marcha una fuerza más poderosa que la energía atómica: La Voluntad.

Quizás este es el paso más importante y al que menos importancia damos. Sin embargo es crucial, porque son las coordenadas necesarias para llegar a buen puerto.

Normalmente cuando se le da a alguien la oportunidad de formular su “deseo” responde: “yo… quiero ser feliz”. Y esto la verdad es que queda muy bonito… pero inalcanzable.

Veremos porqué con un ejemplo:

Vamos a imaginarnos un restaurante. Un restaurante de esos que suelen haber en los hoteles de la pulserita “todo incluido”, que todos por lo menos de oídas conocemos.

Este restaurante es enooorme. Tiene diferentes alturas que generan muy diversos ambientes y permiten separar estilos de comida por países, tendencias gastronómicas y/o categorías musicales. Se podría decir que este restaurante tiene todo tipo de comida que jamás hubieras podido imaginar, y está esperándoos a ti y a tu pulserita.

La entrada de la recepción es majestuosa, con unos arcos lujosamente adornados, suelo enmoquetado, ventanales por los que entra la luz del sol… Una fuente que parece bailar al ritmo suave del hilo musical, y un recepcionista amable y sonriente deseoso de llevarnos rápida y fácilmente hasta el lugar exacto donde degustar nuestra más ansiada comida.

A nuestra llegada hace una reverencia y en un perfecto español nos pregunta:

- ¿qué va a desear?

Con la impaciencia de un niño nosotros le indicamos:

- Quiero comer.

El recepcionista algo extrañado nos pregunta de nuevo:

- De acuerdo, ¿qué tipo de comida desea?

Nosotros entonces le respondemos con un gesto cómplice:

- Quiero comer comida, tengo mucha hambre.

Con esta información podrán pasar varias cosas: que nos lleve a un apartado cualquiera del restaurante en el que nos pondrán una comida que casi con toda seguridad no es la que nos gusta (aquí nos encomendamos a la suerte); que nos haga infinidad de preguntas que obtendrán las mismas respuesta y la gente de detrás se empiece a impacientar; que nos deje esperando en la puerta y haga pasar al siguiente hasta que nos aclaremos.

En cualquiera de los casos, si no comprenden que algo estamos haciendo mal, tarde o temprano llegaría nuestro cabreo y la frase de marras: “qué mala suerte tengo”.

Esto es exactamente lo que sucede cuando nuestro objetivo es indefinido, general e impersonal.

«No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va» Séneca

Ningún barco puede navegar, sino sabe a qué puerto dirigirse. Cada uno es feliz de una manera, y cada cual desea una cosa diferente. Yo soy feliz en el campo paseando con mi perra, mientras que otro es feliz comiéndose una paella valenciana para merendar.

Entonces, sincérate contigo y honestamente específica qué es lo que realmente deseas. Elige bien a qué puerto dirigirte, concrétalo y personalízalo. Y no te preocupes si lo que te propones se ve muy lejano ahora, lo importante es tener un objetivo bien definido para dar el primer paso.

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